viernes, 20 de agosto de 2010

BIENVENIDOS a la ESFINGE ARGENTINA

Hola a todos, aquí va la lista de nuestro grupo.
Bárbara Girado barbaragirado@yahoo.com.ar
Julia Berardone juliaberardone@yahoo.com.ar
María Cecilia Simón cecipya2000@hotmail.com
Matías Sebastián Kiejzik matias.kiejzik@gmail.com
Soledad Mosquera soledadmmosquera@yahoo.com.ar
Daniel López lopezgauna@hotmail.com
Paula Plesa paula_plesa_7@hotmail.com
Brenda Lizza brendu@hotmail.com
Alejandra Sosa alejandrasosa39@yahoo.com.ar
amsosa@trabajo.gov.ar
Noelia Forestiere noeliadanisa@hotmail.com
Sonia Hellwing hellwing.sonia@hotmail.com
Alicia Previley aliciapreviley@yahoo.com.ar
aleciapreviley@yahoo.com.ar (confirmar el correcto)
Ricardo Romero ricardoromerogalvan@hotmail.com
Gabriela Maltagliati gmaltagliati@hotmail.com
Sandra Rojo sandra4rojo@hotmail.com
ErnestoMárquez e.d.marquez@hotmail.com
Silvia Maillet silviamaillet@gmail.com
María Cristina Dallas cristinadallas2000@yahoo.com.ar
Carla Messina carlamessina82@gmail.com
Susana Aguirre subeaguirre@yahoo.com.ar
Docentes coordinadores:
Ana Lía Lacaze analialacaze@yahoo.com.ar
Ana González anapaezz@yahoo.com.ar
Walter Rago acaestawalter@yahoo.com.ar
Federico Liptak liptak@hotmail.com

viernes, 13 de agosto de 2010

comienzo del taller

Hola a todos , les aviso se modificó la sede del taller , es a la vuelta de la sede anterior en Cervantes 1911 , en el horario de 18 a 21hs y empieza el viernes20. Los esperamos . Un abrazo . Ana Lía

domingo, 1 de agosto de 2010

trabajo de Mariana

Curso: Taller de lectura, escritura y discusión:
La esfinge argentina: enigmas en torno de la Nación.
Primer cuatrimestre 2010.

Sarmiento en los comienzos del Facundo publicado en 1845 hace referencia al “monstruo que nos propone el enigma de la organización política de la República” 1 la esfinge argentina, seguramente identificando con ella a Rosas; la “esfinge”: figura que propone como el misterio de nuestro país, misterio que desafía a la razón y que es necesario desentrañar. Me quedo además y para discutir, con el enunciado sarmientino de la “civilización y la barbarie”: dicotomía que produce una imagen tan arraigada en la sociedad argentina y que ha penetrado tan fuertemente a una institución muy importante de la Nación como es la Escuela. Pienso en lo que producen estos dos conceptos que marcan una frontera que divide a nuestro país: por aquí la clara civilización, por allá la oscura barbarie. Aparece entonces la lógica de la división fronteriza: ¿quiénes son los nuestros y quiénes son los otros? Entonces me acuerdo del proyecto fundacional de la Argentina de la generación de Sarmiento, la generación de 1880: la de una Nación que producía una profunda exclusión de las mayorías con una minoría muy adinerada, dueña de los campos con sus vacas que gastaba a mansalva su fortuna producida sin el esfuerzo de su trabajo, en el Viejo Continente. Y vuelvo, vuelvo a la figura de la frontera y con ella a la del desierto. Ese desierto de Neuquén que un Osvaldo Soriano joven recorre con su padre en sendas motos camino a Plaza Huincul para ver los pozos de YPF mientras en el transistor “se apagaba la voz de Julio Sosa por los acordes de otra marcha militar”. Soriano habla de un padre que nunca ganó un peso sin trabajar y que diseñó un oleoducto inútil, dibujo que se “le extravió en otro porrazo y las torres ya son de otros más rápidos que él”2.
Entonces pienso en otra frontera y en cierto modo, en otro desierto: el Conurbano y leo “La querella del infinito malo” de Bartoletti y Fava donde los autores presentan dos imágenes arquitectónicas bien opuestas: la planta libre y el rascacielos de Puerto Madero y la Avenida del Libertador con vista al río y palier privado y del otro lado un “tejido epitelial que no echa raíces en el humus de su suelo”. Y preguntan: ¿y la mítica pampeana? Y responden: de elegía mítica pasó a una sórdida noticia policial, “de Sherlock Holmes al oficial Barraza, pasando por punteros políticos y dealers”. Entonces definen al conurbano como una mancha sobre la superficie, una epidermis que nos forma e informa. Y agregan: “y si en el siglo XIX crecía el desierto- o en su revés ciudadano: la frontera-, hoy crecen una serie de variaciones” ¿Qué lo delimita? ¿Quiénes los delimitan? ¿Los mapas de la inseguridad ó las políticas públicas?3 Así estas imágenes arquitectónicas me hacen pensar en una obra expuesta en el Malba perteneciente a la Colección de Eduardo Constantini llamada “Exclusión” de Pablo Suárez que muestra a un joven con el torso desnudo, un descamisado literal, vestido con un jean y calzado con zapatillas que va viajando en un tren del tipo de los que comunican el Conurbano con la Ciudad de Buenos Aires de una manera muy especial, va colgado, se quedó del lado de afuera y viaja agarrado a las manijas de la puerta del vagón. Su pelo al viento muestra la velocidad del movimiento. Sus ojos desorbitados muestran desesperación, puede caerse al vacío si no se sostiene con fuerza de los barrotes que bordean la puerta. Va aferrado, viaja, pero no adentro ya sea sentado ó parado. Qué casualidad, justamente el empresario Constantini, dueño de “Exclusión” también es propietario del Proyecto Nordelta, otra variación del Conurbano: por aquí un barrio cerrado para los adinerados, pocos dueños de los campos con muchas vacas y sembradíos de soja transgénica, por allá los excluidos que viajan como pueden en los trenes del Conurbano, a veces, colgados de sus puertas. Dos imágenes, dos universos separados como los representados en el mural de Carlos Alonso divididos por una cinta celeste y blanca, dos mundos: uno por arriba, el otro por abajo; en el primero se muestra gente sonriente, en pose: artistas, tal vez Susana Giménez y Mirta Legrand con periodistas, empresarios y políticos; en el de abajo subyace la ciudad gris, destrozada, miserable con una imagen del Che Guevara muerto. ¿No serán interdependientes estos mundos? ¿Sostendrá el oculto, el de abajo, al de arriba? ¿Informarán los periodistas que figuran en el universo superior sobre la vida de los que habitan el mundo de abajo?
Entonces pienso en la canción de “Fuerte Apache” llamada “Periodistas Marginarios” que dice más ó menos esto: ‘Dejen de hablar del barrio, guárdense su comentario, no viven acá donde a diario hay mucha gente trabajando, rompiéndose el lomo día a día, manteniendo a una familia para después ver en la tele como a los pobres los discriminan, no son todos delincuentes como dicen periodistas…’; ó al menos ciertos periodistas que ganan mucho dinero mostrando el mapa de la inseguridad y también los barrios más humildes, pidiendo “mano dura” a la policía y criminalizando la pobreza, además, según la canción, confunden Ciudadela con las “favelas cariocas”, lo cual ofende mucho a los músicos de esta banda que representa a su barriada. Y pienso: ¿Serán interdependientes estos dos mundos? ¿No se beneficiarán unos del trabajo mal pago de otros? ¿Y qué hay de las políticas públicas? ¿Qué lugar le quedó al Estado interviniendo al menos desde la Salud y la Escuela después de 1990? Y pienso en el cuento “El hombre del casco azul” de Washington Cucurto: “Hola, chiris queriditos. Bienvenidos a una mañana de mi vida. Hoy viajaremos con el Hombre del Casco Azul, ese soy yo.”4 Él, Santiago Vega: un repositor del supermercado Coto. ¿Sabemos algo de este trabajo? Sí, del trabajo de repositor de productos en las góndolas de algún Supermercado. Seguramente: nada. ¿Quién se ocuparía de conocer un trabajo hecho por “los invisibles”, esos que están en la parte gris del cuadro nombrado de Carlos Alonso? Un trabajo que hacen muchos de los que vienen todos los días del Conurbano, a veces, viajando colgados en los trenes. Los invisibles, los que luchan todos los días para sobrevivivir y que no salen en los medios y cuando lo hacen en general resultan muy maltratados, ciudadanos ó extranjeros que también construyen esta Nación, los que seguramente construyen de verdad esta Nación. Los que realmente se perjudican con la existencia de un Estado ausente, del Estado que “dilapida su dinero” según el criterio de ciertos periodistas seguidores aún hoy día del ya fallecido Bernardo Neustadt. Los invisibles, los que sobreviven como pueden que caen seguramente del lado de la barbarie, los que están escondidos, ocultados, más que “al abrigo”5, entonces pienso que tal vez si miramos allí, en lo que está subyacente, ó mejor dicho en los que están subyacentes, podamos encontrar alguna luz para comenzar a develar el enigma de la organización política de la República.

Referencias:

Sarmiento, Domingo Faustino. “Facundo” Editorial Kapeluz, 1971, Bs. As. Pág 54
2 Soriano, Osvaldo. “Cuentos de los años felices” Sudamericana, 1993, Bs.As. Pág 31 a 35.
3 Bartoletti, Tomás y Fava, Julián “La querella del infinito malo” en El Río sin orillas 3, 2009 Pág 32 a 34.
4 Cucurto, Washington (seudónimo de Santiago Vega) “El hombre del casco azul” Cooperativa La Juven Guardia.
5 Saer, Juan José. “Cuentos Completos” 1957-2000 Seix Barral Buenos Aires. 2001