Trabajo práctico para el curso “La esfinge argentina: enigmas en torno a la Nación”
Alumno: Mario L. H. Giacone
La voz y la mirada en el imaginario argentino
Fundamentación
La voces y las miradas, manifestándose individualmente o como un colectivo, dialógicamente o grupalmente, ocupan un lugar determinante en las historias de las comunidades y sus tradiciones.
La voz, portadora de la palabra, expresión de ideas y sueños, de lealtades y traiciones, surge desde un personaje que llega con su mensaje a la comunidad y se hace multitud de voces a lo largo del tiempo, aunque esa primera voz enmudezca.
La mirada, que muchas veces es acompañada por el gesto, habla en su silencio, indaga al otro, muestra significativamente la polaridad de los sentimientos: amor-odio, transmite acuerdos entre todos en momentos decisivos.
En nuestro caso, esas voces y esas miradas pertenecen a personajes que luchan por la libertad y la justicia buscando la verdad en dos períodos claves de nuestra historia. Unas y otras terminan cruzándose y fraternizan. De ahí su valoración y su vigencia en todos los cambios o conflictos de la sociedad.
-“La revolución es un sueño eterno”- novela de Andrés Rivera-Castelli-la voz de la expresión revolucionaria y su silenciamiento. El dilema entre el ser y el hacer en el proyecto de nación.
-“El secreto de sus ojos”- film de José Campanella”-, la impunidad y la verdad, la mirada, los caminos de la justicia.
La voz de Castelli es la voz de la revolución, la que lleva las ideas y la acción revolucionaria, ya desde 1807, durante las invasiones inglesas, hasta la formación de la del gobierno criollo, el que cumple lo dispuesto por la Primera Junta en Córdoba y Cochabamba, que otorga derechos y libertades a los pueblos del norte, sin prolegómenos y hasta con violencia, en nombre de los oprimidos y alterando la vida de la sociedad tradicional.
Esa voz es silenciada por la fatalidad que se abate sobre su cuerpo y por la contrarrevolución, quien le inicia un juicio que queda inconcluso. Solo su mirada y el silencio del que escucha las otras voces y lee el pensamiento de sus amigos y enemigos. En esas condiciones escribe: “Mirenme. Ustedes me cortaron la lengua. ¿ustedes tienen miedo a la palabra?. Y ese miedo se los vi. a ustedes en la cara,..y vi como se les retorcía, y como les retorcía las tripas”.
También ve “más allá” e intuye el futuro como una pérdida de sentido, un fracaso de la revolución, y escribe póstumamente: “si ves el futuro, dile que no vuelva”.
Este hombre, junto con Moreno y Belgrano, se atrevió a traspasar los límites entre el sometimiento a la corona española, al nuevo país que daba su primer grito de libertad, vasto en su configuración física pero precario como nación. También esos dramáticos pasajes se ven en la vibración apasionada de su voz, que resonó en los pasillos del Cabildo, en la Córdoba rebelde y en los valles y desiertos del Alto Perú, a su silencio definitivo, y de este a la elocuencia de la mirada y la potencia de sus frases escritas.
A más de un siglo y medio de la Revolución, la mirada de Irene, en la película “El secreto de sus ojos”, indagante y seductora, penetra la de un personaje de la represión y la impunidad, produce atracción y rechazo al mismo tiempo, prescinde de los artilugios legales, apunta al sexo y al miedo de esa otra mirada culpable,”la mirada del otro”, su voz restallante lo interpela con violencia. Él solo alcanza a decir:-Ustedes están locos-. Se puede pensar que solo en medio de esa “locura” improvisada, se puede desenterrar la verdad. En ese momento se siente que a la imagen de la justicia se la ha caído la venda de los ojos y mira horrorizada y furiosa como “esa otra” se adueña de sus atributos.
Irene se erige como símbolo justiciero de aquellos que fueron asesinados o torturados, se aparta de las normas burocráticas de la ley para encontrar la verdad y el sinceramiento del culpable por medio de su sugestiva mirada y el desafío verbal. Lo logra, pero a pesar de ello, los mecanismos de un estado represor y corrupto, que ya estaba en funcionamiento, tornan inservible el testimonio, se lo desconoce, todo queda impune y, encima, el asesino es rehabilitado. Después de muchos años le llega la condena, que lleva a cabo el marido de la víctima, desafiando a la justicia que dijo “perpetua” y no cumplió.
Benjamín mira interiormente su pasado y va escribiendo cada suceso desde el dolor y los afectos: el caso que resulta impune, su frustrante resolución, su entrañable amigo asesinado e Irene, que ahora es su presente y su porvenir.
Castelli solo observa. Prolonga y agudiza su mirada intentando adivinar el pensamiento de los otros, algunas veces gesticula y se interroga a sí mismo y a esas últimas imágenes y personajes que lo rodean: Buenos Aires, “la ciudad maldita” y el río, envueltos en la bruma, los objetos y libros que lega, los hombres que lo juzgan, su médico, su amante, su primo Belgrano, Monteagudo..
Castelli escribe como aferrándose a la vida, complementando su mirada. Son frases breves y definitivas garabateadas en el papel, que hablan de la utopía revolucionaria y de su muerte y de otras muertes.
Castelli agoniza y muere, pero su ser y su mensaje son recuperados por las generaciones venideras a lo largo de doscientos años. ¿Habrá entrevisto en esos últimos momentos el futuro que invoca y que se repetirían historias de dolor, de sangre y de muertes entre sus compatriotas en ese país que despertaba?.
Irene y Benjamín ya no temen, han encontrado el amor en la búsqueda de la verdad, aunque la justicia no los haya correspondido.
Por encima de ellos están los poderes que avanzaron impunemente sobre las leyes y los logros obtenidos con tanto sacrificio a lo largo de sus vidas.
La voz, la mirada y la acción humana, corporizan el ideal revolucionario de 1810 y les da un sentido, que al ser abortadas, quedan como una meta inalcanzable. También son herramientas que indagan en nombre de la justicia y la verdad en los años 70´, sepultadas en la memoria de sus hacedores.
En el transcurso de la Historia, la aparición de esas voces y esas miradas y el mantenimiento de la memoria, en unos períodos son débiles en su soledad, y en otros son multitudes que se solidarizan. Esto nos da la pauta de que el ideal revolucionario y la vigencia de la verdad, la justicia y la igualdad para todos, sigue vivo.
Las voces de la verdad, en su expresión oral o escrita, son un eco que no se apaga y los secretos que encierran las miradas, tarde o temprano, se revelan, se transforman en una realidad tangible y se proyectan hacia el futuro.
Cuando esas voces y esas miradas, mancomunadamente, se expresan en plenitud, pasan a la acción y hacen justicia a la memoria. Es el momento que despertamos de ese sueño que parecía eterno.
domingo, 18 de julio de 2010
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