domingo, 4 de diciembre de 2011

Película Mala época .Características de los lazos que atraviesan las relaciones comunitarias por Gabriel Castriota.

Comunidad: “conjunto de individuos que comparten elementos en común, como ser un idioma, costumbres, valores, tareas, visión del mundo, edad, ubicación geográfica, estatus social, roles, creando una identidad común, mediante la diferenciación de otros grupos o comunidades”. Tal es la definición que se corresponde con el sentido “ideal” del concepto. Mas cuán frecuentemente somos testigos de si existe una comunidad es una pregunta difícil de contestar. En ocasiones es casi más propio advertir su falta que su presencia.
Fijémonos en el caso de Mala época, película argentina de 1998: en una sola noche, recorremos historias donde tópicos como el trabajo, el dinero, la sordidez nos dejan ante la evidencia de un mundo fragmentado por la búsqueda de algo que está irremediablemente fuera de alcance: la felicidad. (Dicho de este modo, parece muy original, no obstante que de larga data es este sentimiento de carencia entre los argentinos: basta con leer la letra de cualquier tango para desterrar la falacia de que todo tiempo pasado fue mejor). Me viene así a la memoria una canción de Daniel Agostini: “…La felicidad se ha vuelto / un mito perdido / ¿Cómo ser feliz si somos / un pueblo mentido?...” . Creo que en última instancia, es el tema principal de nuestra época aun si no el único de Mala Época, film que se revela como una poderosa autocrítica: en busca de mejorar sus condiciones de vida, el desarraigo es el precio que deberá pagar el protagonista; otro tanto sucede al grupo de obreros cuyo intento de introspección se ve frustrado por la incomprensión de sus patrones; a un chiquilín, el hallazgo de una fortuna en una valija le cuesta romper lazos con su entorno y huir… Evidentemente al director, más que una pintura de situaciones, le interesa poner al espectador en los zapatos de alguien más por medir cómo reacciona aquel. En todo caso, no es difícil la identificación con los personajes: ¿se compensa el dolor del desarraigo con la promesa de una mejor vida?; ¿el mantenimiento de un empleo excusa el perder las propias raíces?; si la oferta de una fortuna fácil supusiese el exilio ¿responderíamos con aceptación o rechazo?...
En las dos primeras historias, la respuesta parece ser un NO rotundo: en la 1, el vínculo entre hermanos, pese a la distancia y al tiempo, no se disuelve, subsisten en el afecto y la mutuo socorro, así como, en la 2, de ninguna manera van estos obreros inmigrantes a olvidar el pasado que los une (idioma, valores, la fe). Sólo la 3 representaría una excepción, me digo, por su cercanía a una quimera o sueño común a todos los latinos, el de una valija de dinero: ¿quién no ha soñado jamás con la perspectiva de la fortuna servida en bandeja, o con robarle la novia a otro (tal cual en Glaxo ) o con romperle la cara a un superior (Un oscuro día de justicia )?
“El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”, afirma Jacobo Rousseau en El Contrato social. Según esta corriente de pensamiento, al suscribir en un grupo, acordamos someternos a una autoridad y a ciertas reglas de juego: en la escuela, a la jerarquía escolar y el Reglamento de Convivencia; en el trabajo, a las directivas de la entidad empleadora; en el gobierno, a los poderes a cargo y a las leyes constitucionales, etc. El problema es cuán frecuentemente dicha suscripción conlleva la renuncia colateral a ciertas prerrogativas que se supone, perjudicarían al bien común: así, por ejemplo, en una escuela de habla española, un alumno indígena deberá olvidar sus orígenes; o en un empleo, sus principios. A los obreros los obligarán pues por la violencia a dejarse de introspecciones; al joven provinciano, lejos de los suyos, el fantasma del desalojo lo lanzará con mayor vehemencia a la transgresión y al delito; y al chiquilín con su valija, al destierro autoimpuesto.
¡Qué cargada de escepticismo está entonces Mala época con su testimonio de pérdidas!
¿Cómo extrañarse de que sus protagonistas vivan una existencia gris, anhelando nuevos horizontes y decididos a llegar a cualquier extremo con tal de alcanzar esa olla de oro lado del arcoíris?

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